El deseo sobre la adquisición de objetos materiales nubla la visión espiritual. Verdaderamente quien posee objetos, es poseídos por éstos. Todos estamos en ese lamentable estado. La consciencia de nuestras responsabilidades o nuestros miedos, son parte de nuestros contenidos de pensamientos todo el tiempo y constituyen nuestra personalidad profunda. Somos nuestras preocupaciones, nuestras posesiones. No somos nada excepto eso. Nuestras cuentas en el banco, propiedades, relaciones, etc; eso somos. Sufrimos su disminución o acumulación, acercamiento o distanciamiento. “Todo está en la mente”, decimos, pero ninguno de nosotros intenta mantener la mente estable, detener la insoportable angustia que todo esto nos causa.

En relación al Yoga, no somos irresponsables, no nos alejamos del mundo, no renegamos de la familia o negocios. Permanecemos donde estamos, en la casa, oficina, en compañía de personas, cumpliendo nuestros deberes. Todo lo que sucede a tal Yogui, es que él no está poseído por la casa, oficina, personas, o trabajo.  Está consciente siempre de sí mismo como distinto de la consecuencia; diferente de los objetos de los que está consciente.

 

 

Conciencia de uno mismo